TAMARA Y TORCUATO… HOYPERFIL Ne

Torcuato, distendido, recuerda aquellos días en la Secretaría de Cultura. Tamara, crece con su negocio de Pilates, pero se indigna con las trabas burocráticas.

FEDERICO SEEBER

Carolina Di Tella dice hola, y se va, elegante, con remera suelta, pantalón de buzo estirado y alpargatas negras. Acaba de cumplir 20. Sincronización suiza. Sale una entra otra.

Tamara salta al cuadro, impecable, sonriente, peinada, maquillada. Imposibles 56 años. “Este pantalón es muy ajustado. Si se rompe cuando me siento, disculpen. Debo bajar cuatro kilos.” El cuero resiste el movimiento descendente, no así los pronósticos preentrevista para tamaña honestidad. Pintura brutal de entre casa. Decir que esta entrevista debería ofrecerse a los lectores en formato de CD en audio original puede sonar a incapacidad periodística para traducir la historia al lenguaje escrito.

TORCUATO: Es cierto ya hace un año que me fui del gobierno. No me arrepiento de haberlo hecho, a pesar de que al principio no quería saber nada.

TAMARA: Yo quería que él lo hiciera y me equivoqué al insistirle tanto.

TORCUATO: Está bien… Yo traté de desacartonar el discurso tradicional y lo hice a propósito.

TAMARA: Se divertía y decía lo que tenía ganas.

TORCUATO: Cuando dije que la cultura no era prioritaria lo dije porque creía y creo en eso.

Empleada doméstica con bandeja en escena. Tazón blanco, café con leche y Criollitas para ella; tacita mínima y café para él. Tamara no estará siempre sentada.

Caminará mientras Torcuato refresque sus teorías sobre “la transformación de los partidos políticos”: el clientelismo como método “inevitable y necesario”, peronistas en decadencia e insultos de campaña que se olvidarán pronto. Pero volverá, y dirá: “Torcuato es un intelectual que no es congruente con la función pública. Es una mente única que ve el otro lado para provocar un poco…”. Y lanza la carcajada.

La diferencia de 19 años juega a favor de una complicidad que se respira. Se conocieron en los ’70, cuando ella preparaba su tesis en Oxford, y no se separaron más. El, sociólogo. Ella, doctora en Ciencias Políticas y mentora del gimnástico método pilates.

Torcuato descruza las piernas y mueve la rodilla izquierda. Un poco gordo. Tiene un año más, ya se calzó los 75, pero no cam­bió la ropa. Suéter verde, camisa blanca y corbata: igual que aquella tarde de 2004, cuando siendo secretario de Cultura dejó tiesos a los diputados con filosas ironías.

“Chau, Titina”, dice Tamara sin mirar cuando escucha el ruido de la puerta. “Chaaaau”,se oye por la cerradura. Titina es Carolina, quien días después posará orgullosa sobre su Di Tella ’59, por el que hace un año pagó 8 mil pesos y hoyes el auto oficial de la familia. Estudia Ciencias Económicas y camina por la huella de su hermano Sebastián, que a los 22 es la mano derecha de mamá en selecto y millonario negocio del pilates.

Ellos casi no percibieron la abrupta salida de Torcuato del Gobierno. “En casa nadie me da bola se queja élo no saben si estoy o no estoy, a nadie le importa.”

-¿Ni siquiera a la hora de la cena?

TAMARA: Ahora sí le dan bola, hay unas peleas tremendas: yo quiero que Sebastián haga el postgrado en Harvard, y Torcuato quiere que vaya a la Universidad de Columbia.

-¿Es el tema del momento?

TAMARA: iQué festín se vana hacer con eso! ¡Qué festín!

- El tema lo planteó usted.

TAMARA: Me imagino el título… el gran dilema… la gran preocupación de los Di Tella.

- ¿Entonces, sólo se habla de eso?

TAMARA.: ¿Qué más? Ya está. Un temazo.

TORCUATO: A la hora de la cena, el problema es comer y no hablar.

PILATES FOR EXPORT
”Plantaré la Bandera en Manhattan”

Tamara estudió afuera del país entre los 17 y los 30 años. No queria volver, pero Torcuato la convenció con promesas invisibles. En estos días, los capítulos finales de su nuevo libro (escrito en inglés) la dejaron de cama. Quince inyecciones y diagnóstico lapidario: hernia de disco. Lágrimas contenidas por los trotes palermitanos que saldrán de su rutina. En noviembre volará a Palm Springs: quiere que los estadounidenses traigan dólares a Buenos Aires para capacitarse en su Escuela de Instructores.

Torcuato conoció el mundo casi en pañales, escribió su primer libro a los 34 y la dictadura le dio un susto grande en el ’76 junto a su hermano Guido. Vivió sin sobresaltos gracias a la fábrica familiar Siam Di Tella y llegó al gobierno de Kirchner en 2003 con sus excentricidades a cuestas. Ahora pasea por China y Japón dictando conferencias durante 20 días.

Una apuesta mutua al amor, que recuerda Tamara, aún los mantiene unidos:

“Yo volví a la Argentina y el volvió a tener hijos a los 50 años” sin embargo, no dejó de masticar aquel regreso y planea venganza.

TAMARA: Mi revancha será plantar la bandera argentina en Manhattan (con un centro de pilates)

TAMARA: en el corazón…no me tergiverses, bastante ya lo tergiversaron a Torcuato.

TORCUATO: Tamara, Tamara porque no la plantás en Queens?

TAMARA: iNoooo!

TORCUATO: Queens es un barrio de clase media…

TAMARA: ¡Al Soho voy a ir!

TORCUATO: En Queens hay muchos argentinos.

TORCUATO: Pero igual…

TAMARA: ¡Ya está decidido!

TAMARA: Y tengo todo listo, lo único que me falta es la plata.

- Con más de cuarenta locales y dice que no tiene dinero? No es muy creíble.

TAMARA: Es una larga historia… Otro dia te cuento.

- ¿Cuánto necesita?

TAMARA: ¿Sabés lo que cuesta (alquilar) una esquina en Nueva York parecida a la que yo tengo en Aráoz y Juncal? Acá cuesta 8 mil pesos (por mes) y allá 25 mil dólares.

TORCUATO: Desde que ella produce máquinas y exporta, se ha hecho proteccionista e industrialista.

- ¿Fue ultraliberal en los ’90?

TAMARA: No, pero ahora me doy cuenta. En los ’90 traje el primer spa y me dieron un codazo: se canibalizó todo se convirtió en… casa de masajes.

Torcuato promete probar con pilates: “En este momento he decidido que empezaré mañana”.

- Me está mintiendo.

TORCUATO: Absolutamente.

TAMARA: A mí me ha mentido durante 27 años.

-Toda una vida para que una mujer inteligente aguante a un hombre mentiroso.

TORCUATO: Muy al principio de mi gestión en Cultura, alguien me preguntó: “Ahora que usted es funcionario ¿aprendió a versear?”. Le dije: “No, eso ya lo hacía cuando era sociólogo: ahora aprendí a mentir”.

MARCELO ABALLAY

“Yo verseaba cuando era sociólogo. Ahora aprendí a mentir.” (Torcuato)

A propósito de asuntos, más y menos importantes.

Belleza x Torcuato: ”Nuestros hijos heredaron la inteligencia de la madre y la pinta del padre. Bueno, no, mi madre era muy pintona y esos genes los transmitió directo a sus nietos”.

Muerte x Tamara: Dice que le tiene miedo; algo está mal diseñado, no puede ser que nos tengamos que morir justo cuando la estábamos pasando tan bien”.

Inteligencia x Torcuato: “Tamara tiene hermanos matemá­ticos pero no heredó los mismos genes. Para ella, dos más dos nunca es cuatro: es tres o cinco, según le convenga”.

Futuro x Tamara: Alguien publicó que volverá a revolu­cionar el mercado con una técnica de erotismo. “iErotismo no! iEntertainment! Jajajajajaja…erotismo, ¡qué boludos!”

Genios x Torcuato: “¿Querés que te nombre a un genio vivo? iAparte de mí? En Argentina, el más brillante es el historiador Tulio Halperin. Afuera, los brasileños Cardoso y Jaguaribe.

Fotos x Tamara : “No, no salgo mal en las fotos”, dice y apunta al fotógrafo. “Si vos no me sacás por lo menos tres meses de edad estàs muerto”

Kirchner x Torcuato : Criticar que no siga el protocolo es tontería. Más serio es lo que se dice respecto de que es muy autoritario en su relación con sus ministros y que pierde la calma.

Menem x Tamara : Critican a Kirchner por su crispación pero Menem tenía una laxitud y sin embargo lo suyo era una fiesta constante.

Cristina K. x Torcuato: Jura que no inventó el término pero se define “Cristinista”