ENTREVISTA A TAMARA DI TELLA

A los 59 años, la empresaria de Tango Pilates asegura que se siente bárbara y no quiere hablar de cirugías. Dice que su marido es un “gran apoyo” y que trabaja hasta 20 horas por día. Las nuevas tendencias y la gimnasia de los famosos.

Entró a su local de la calle Aráoz esquina Juncal como un torbellino. Recién llegada de una conferencia en el Chaco tiró su bolso al piso, cortó la comunicación en su celular y subió a maquillarse: “Perdón chicos, miren la cara que tengo, ya estoy con ustedes”.

Tamara Di Tella es una mujer decidida. Mientras retoca su rostro, empieza a dar órde­nes: “Hay que tener limpio siempre, miren los papelitos de caramelos ahí tirados. Las mochilas de los alumnos no pueden estar sobre las camas, ya lo sabemos ¿no?”.

Los modos son respetuosos pero la orden es clara: a Tamara le gusta la limpieza y el orden. y su imagen vende eso. Sus locales transparentes, donde cualquier persona puede chusmear desde la calle, deben estar impecables.

- Se nota que es una mujer con mucha personalidad. ¿Por qué usa su apellido de casada?

-Una cosa que me marcó fue mi apellido, Chichilnisky. Cuando iba al colegio, todos eran González, Pérez, Rodríguez. Los profeso­res llamaban a todos por sus apellidos y al mío no podían pronunciarlo. Entonces me decían Tamara. En esa época no había Tamaras y siempre me decían “qué lindo nombre, qué original”. Crecí convencida de que yo era una persona muy especial con un nombre muy especial y creo que eso marcó mi personalidad. Después, con el tiempo, me di cuenta de que no era tan especial sino que mi apellido es im­pronunciable.

-y de origen ruso…

-Mi papá nació en Rusia y mi mamá es argentina. Nací acá, viví 17 años y me fui del país, o sea que tampoco soy demasiado argentina.

-¿Cómo lleva en esta etapa de su vida la di­ferencia de edad con su marido?

-Torcuato era mi profesor en Oxford. Luego pasaron algunos años y fue mi director de tesis doctoral en Stanford. Nos enamoramos y nos casamos. Me lleva 19 años. Mi mamá también era alumna de mi papá. Él le llevaba 28 años. Tuvieron un lindo matrimonio. Para mí es algo muy normal.

-¿Y Torcuato la apoya en su emprendimiento?

-Tengo el elemento empresarial que a él le falta. Es una fuente de gran apoyo, no sé qué hubiera hecho sin él, no se metió nunca; me deja trabajar 20 horas por día, no protesta cuando todos se van de vacaciones y me que­do trabajando, no le molesta que sea una workaholic.

MARIDO. Torcuato Di Tella tuvo una salida peculiar como secretario de Cultura de la Nación. En 2004 había declarado que “el Gobierno debía resolver primero el problema de los chicos que se mueren de hambre en Santiago del Estero y no quién es la pelotuda o la puta que va a dirigir el Fondo de las Artes”. En medio del revuelo mediático enfatizó: “Si quieren un pedante, con prosopopeya y que cuide las palabritas y que diga lugares comunes, patrióticos, bueno, busquen a otro”.

-¿La personalidad de su marido perjudicó su negocio?

-Pensé que le iba a hacer daño a mi imagen y me di cuenta de que no. La marca está muy establecida y creo que nada la puede dañar, ni siquiera cuando Torcuato abre la boca.

-¿Quién cocina en la casa?

- Torcuato cocina mucho porque le gusta.

De la casa, la verdad, no me puedo ocupar. Trabajo todos los días, hasta los feriados, y no me tomo vacaciones hace años.

-Tiene varias mujeres famosas que hacen pilates. Usted le regaló una cama a Cristina Femández de Kirchner.

-A Cristina no le regalé nada. Mandé una máquina al gimnasio de Olivos, que tiene mu­chos aparatos de gimnasia y ninguna que sea 100 por 100 industria argentina.

-¿La sabe usar?

-Creo que sí, eso es problema de ella. -Karina Rabolini y Lorena Scioli también son fanáticas…

Karina me compró una máquina y tiene una instructora nuestra. Es divina, tiene un cuerpo al que no hay que hacerle nada, aunque ella se cuida mucho. La conozco hace muchos años, desde antes de que Scioli sea Scioli”.

-¿Cómo se relaciona con los clientes famosos?

-Este es un país de famosos. Nacha Guevara y Cris Morena fueron de las primeras ctientas, pero en este momento no tienen tiempo y no vienen. También tuve a Julio Bocca, Andrea Bonelli y su marido Nacho Gadano. Y muchos más que me matan si los nombro.

-¿Pilates pasará de moda, como el paddle o el video club?

-No es una moda. No va a pasar. Es realmente bueno y todo lo bueno permanece. Lo que sí va a pasar es que van a ir apareciendo nuevas técnicas. Sería pretencioso y estúpido por parte de la comunidad pilates mundial es­perar que pueda frenar la evolución natural de la actividad física.

-¿Cuáles son esas nuevas técnicas?

-Hay una técnica nueva que se llama “Tamara Di Tella Tangolates”. Es extraordinaria y la recomiendo. Se trata de un pequeño aparato portátil muy “american” donde se realizan rutinas con una coreografía de tango para dos personas.

-¿Se hizo alguna vez una cirugía?

-(Ríe) Eso no lo voy a decir.

-¿Qué edad tiene?

-Tengo 59 años. ¿No estoy bárbara?

-La verdad que sí. ¿Vende la fórmula?

-La tenés frente a tus ojos.