La inmunización se ha utilizado durante muchos años para producir la inmunidad adquirida frente a enfermedades concretas. Se puede inmunizar a una persona inyectando microoganisos muertos que ya no causan enfermedad, pero que todavía disponen de antígenos químicos. Este tipo de inmunización protege contra la fiebre tifoidea, la tos ferina, la difteria y otras muchas enfermedades bacterianas.
Además, se puede inmunizar el organismo exponiéndolo a toxinas tratadas con sustancias químicas para destruir su naturaleza toxica dejando intactos los antígenos que provocan la inmunidad. Este procedimiento se utiliza en la inmunización frente al tétanos, el botulismo y otras enfermedades toxicas similares. Finalmente, se puede inmunizar a una persona infectándola con el microorganismo vivo atenuado. En otras palabras, se cultiva este microorganismo en un medio especial, o se pasa a través de una serie de animales hasta que mute lo suficiente para no causar enfermedad, aunque todavía conserve los antígenos específicos para la inmunidad. Este procedimiento protege contra la poliomielitis, la fiebre amarilla, el sarampión, la viruela y muchas otras enfermedades víricas.
Inmunización pasiva
El tipo de inmunidad expuesto anteriormente es conocido como inmunidad activa, por la cual el organismo genera anticuerpos o células T activadas tras la invasión por un antígeno extraño. Sin embargo, una persona puede alcanzar una inmunidad temporal sin inyectarse ninguna antígeno, sino anticuerpos, células T activadas o ambos obtenidos de la sangre de otra persona o de un animal inmunizados activamente contra el antígeno. Los anticuerpos permanecen en el organismo del receptor de dos a tres semanas, y durante ese tiempo, la persona queda protegida contra la enfermedad invasora. Las células T activadas duran algunas semanas si se transfunden de otras persona, pero solo entre unas pocas horas y unos días si provienen de un animal. Esta transfusión de anticuerpos o de linfocitos T para conferir inmunidad se denomina inmunización pasiva.
APENDICE
VIH / SIDA SIDA
es el acrónimo del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida, que afecta a los humanos infectados por el VIH (Virus de Inmunodeficiencia Humana). Se dice que una persona padece SIDA cuando su organismo, debido a la inmunodepresión provocada por el VIH no es capaz de ofrecer una respuesta inmune adecuada contra las infecciones. Cabe destacar la diferencia entre estar infectado con VIH y padecer SIDA. Una persona infectada de VIH es seropositiva, y pasa a desarrollar un cuadro de SIDA cuando su nivel de Linfocitos T CD4 (que son el tipo de célula que ataca el virus) desciende por debajo de 200 células por mililitro de sangre ( también el virus tiene tropismo neurológico o sea ataca al cerebro ). En la actualidad se considera a la infección por VIH incurable, aunque existen medicamentos antirretrovirales que son capaces de contener dicha infección. En los países desarrollados, los infectados pueden llevar una vida totalmente normal, como un enfermo crónico, sin desarrollar un cuadro de sida gracias al tratamiento; sin embargo, en otras partes del globo donde no están disponibles estos medicamentos (África, por ejemplo) los infectados desarrollan sida y mueren pocos años después de haber sido diagnosticados. El VIH se transmite a través de los fluídos corporales, tales como sangre, semen, secreciones vaginales y la leche materna. Es capaz de infectar las células T CD4. Cuando la cantidad de células T CD4 de una persona disminuye lo suficiente, esa persona queda susceptible de sufrir enfermedades que una persona sana sería capaz de rechazar. Estas enfermedades son principalmente infecciones oportunistas y ciertos tipos de cáncer, y usualmente son la causa de muerte de los que padecen el sida. El VIH además, es capaz de infectar células cerebrales, causando algunos desórdenes neurológicos.
Enfermedades oportunistas asociadas con el sida
Enumeraremos a continuación las afecciones oportunistas que se asocian al sida con mas frecuencia. La presencia de ellas de ningún modo implica el padecimiento del sida.
• Candidiasis, tanto diseminada como del esófago o los pulmones.
• Coccidiodomicosis, diseminada o extrapulmonar.
• Criptococcosis extrapulmonar.
• Criptosporidiosis intestinal crónica.
• Infección por citomegalovirus, tanto diseminada como la retinitis
• Infección por virus Herpes simplex, puede ser crónica o en forma de bronquitis, pneumonitis o esofagitis
• Histoplasmosis, ya sea diseminada o extrapulmonar.
• Demencia relacionada con el VIH (encefalopatía por VIH).
• Isosporiasis intestinal crónica.
• Sarcoma de Kaposi.
• Linfoma de Burkitt.
• Infección por el complejo Mycobacterium avium (MAC).
• Infecciones por Mycobacterium u otras especies, ya sea diseminada o extrapulmonar.
• Neumonía por Pneumocystis carinii. • Septicemia por Salmonella recurrente.
• Toxoplasmosis neurológica.
Transmisión
En la actualidad, la forma más común de en que se transmite el VIH es a través de actividad sexual desprotegida y al compartir agujas entre usuarios de drogas de abuso intravenosas. El virus también puede ser transmitido desde una madre embarazada a su hijo (transmisión vertical). En el pasado también se transmitió el sida a través de transfusiones de sangre y el uso de productos derivados de ésta para el tratamiento de la hemofilia, sin embargo, hoy en día esto ocurre muy raramente, debido a los controles realizados sobre estos productos. A la persona infectada con VIH se la llama seropositiva o VIH positivo (VIH+) y a los no infectados se les llama VIH negativo (VIH-). La mayoría de las personas seropositivas no saben que lo son.
La infección primaria por VIH es llamada seroconversión, y puede ser acompañada por una serie de síntomas inespecíficos, parecidos a los de una gripe, por ejemplo, fiebre, dolores musculares y articulares, dolor de garganta y ganglios linfáticos inflamados. En esta etapa el infectado es más transmisor que en cualquier otra etapa de la enfermedad, ya que la cantidad de virus en su organismo es la más alta que alcanzará. Esto se debe a que todavía no se desarrolló por completo la respuesta inmunológica del huésped. No todos los recién infectados con VIH padecen de estos síntomas y eventualmente todos los individuos se vuelven asintomáticos.
Durante la etapa asintomática, cada día se producen varios miles de millones de virus VIH, lo cual se acompaña de una disminución de las células T CD4. El virus no sólo se encuentra en la sangre, sino que en todo el cuerpo, particularmente en los ganglios linfáticos, el cerebro y las secreciones genitales. El tiempo que demora el diagnóstico de sida desde la infección inicial del virus VIH es variable. Algunos pacientes desarrollan algún síntoma de inmunosupresión muy pocos meses después de haber sido infectados, mientras que otros se mantienen asintomáticos hasta
La razón por la que algunos pacientes no desarrollan la enfermedad, y porque hay tanta variabilidad interpersonal en el avance de la enfermedad, todavía es objeto de estudio. El tiempo promedio entre la infección inicial y el desarrollo de sida varía entre ocho a diez años en ausencia de tratamiento.
Tratamientos y vacunas
Actualmente no hay cura ni vacuna contra el VIH. Los nuevos tratamientos, sin embargo, han logrado efectivamente reducir el progreso de la enfermedad, así como los síntomas, y han extendido la sobrevida de los pacientes, aunque, según los disidentes, el aumento de la esperanza de vida de los pacientes es un artefacto estadístico causado por una continua redefinición de la enfermedad que incluye cada vez a más gente sana. De hecho, ya ni siquiera es necesario estar clínicamente enfermo para poder ser diagnosticado como enfermo de SIDA. Los disidentes también apuntan a que los productos químicos utilizados oficialmente para "tratar" la enfermedad, aunque siguen siendo mortales a largo plazo, son cada vez algo menos tóxicos y empleados en dosis más reducidas. Las opciones de tratamiento del SIDA consisten en combinaciones de dos o más tipos de antiretrovirales, por ejemplo, dos inhibidores de la transcriptasa inversa más un inhibidor de la proteasa viral. Los pacientes tratados con estos fármacos pueden dar negativos a las pruebas usadas para detectar el virus, pero al discontinuar la terapia la carga viral vuelve a aumentar paulatinamente. Existe la preocupación de que el virus se vuelva resistente a estos regímenes. En el último tiempo se le ha llamado a esta modalidad de tratamiento terapia antiretroviral altamente activa (HAART en inglés). Desafortunadamente, la mayoría de los infectados a nivel mundial no tienen acceso a este tipo de terapia.