Hace muchos años las mujeres tomaban “pastillas para adelgazar”. Bueno, ése era un nombre elegante. La realidad es que eran anfetaminas, una droga peligrosísima y sumamente adictiva. Después vino otra moda, la de los "saciantes". Me acuerdo que había algunos que sacaban las ganas de comer porque actuaban sobre el cerebro y lo hacían "mandar la orden" que te sintieras "satisfecha" y no quisieras comer más. ¿Te imaginas? ¡Parecía un sueño dorado hecho realidad!. Pero no, ésas también resultaron bastante peligrosas, tenían efectos secundarios y fueron rápidamente quitadas de circulación.
Aquí van mis consejos: El primero de ellos es no ingerir nada, absolutamente nada, que no sea recetado por un profesional de la medicina. Muchas de estas pastillas tienen efectos colaterales, otras no sirven, y otras te pueden hacer daño.
Y en este último caso el mayor problema que ocasionan es que dependemos de ellas para adelgazar y encima que no adelgazamos dejamos de hacer lo que realmente hay que hacer en estos casos, o sea comer bien y llevar adelante una rutina de actividad física. Es un placebo con un sentido contraproducente. El placebo es un medicamento que muchos doctores usan para hacernos creer que están beneficiándonos cuando en realidad no hace nada. Pero el sólo hecho que lo tomemos, muchas veces causa un efecto positivo: nos sentimos apoyados.
Cuando de pastillas para adelgazar se trata, incluso si no fuesen tan nocivas, es justamente todo lo contrario. Dejamos de hacer lo que tenemos que hacer y continuamos con esos mismos hábitos que nos llevaron a engordar. ¿Mi opinión?. Hay una sola pastilla para adelgazar: ¡¡¡la no pastilla!!!.