ATRAS

 
 
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Tamara Di Tella Pilates
  Revista: VIVA (Diario Clarín)
  Fecha: Julio 20, 2008
"Fuerza y Vigor, sin calorías "
por Tamara Di Tella

 

No es chiste. La in­dustria de los su­plementos dieta­rios factura 3 mil millones de dóla­res anuales en Es­tados Unidos solamente. Más que eso no sabemos porque no tene­mos estadísticas, pero les aseguro que es más de lo que parece, si incluimos todos los suplementos, desde la vitamina C hasta el aceite de hígado de bacalao, pasando por la jalea real y afines. Hay cada vez más gente que se despierta a la mañana, se lava la cara, y ¡zas! se toma una pastilla, ahí mismo, sin pensarlo demasiado. ¿Calcio? Sí, es un suplemento dietario. ¿Mag­nesio? También. ¿Vitamina E? ídem. ¿Y la equinácea. el zinc y el picolonato? Sí, son, y más popula­res de lo que se imaginan. Dicen que la equinácea es buena para el resfrío mientras que el zinc reju­venece y el picolonato ayuda a comer menos. Dicen...

¿Qué califica como suplemento dietario? Si uno se lo puede poner en la boca y bajarlo con agua, es un suplemento dietario. Puede venir en forma de pas­tilla, tableta, cápsula, polvo o líquido, no importa cuál. Eso, siempre y cuando incluya algún ingrediente dieta­rio. ¿Y qué es un ingrediente die­tario? Vitaminas, minerales, hier­bas, aminoácidos (buenísimos para el pelo), enzimas, algunas hormonas, como la melatonina (que nos ayuda a conciliar el sue­ño), en fin, a todo esto se considera suplemento dietario.

¿Porqué son tan populares los suplementos dietarios? Ponqué son fáciles de tomar y alimentan sin engordar. Pero tampoco es cuestión de vivir a pastillas, ¿no?

Ahora, yo me pregunto, ¿qué le pasa a la gente con los suple­mentos dietarios? ¿Por qué, pudiendo comer (porque, no nos en­gañemos, quienes tienen dinero para comprar suplementos dieta­rios tienen dinero para comer), prefieren ingerir pastillas? Para mí la respuesta es "para más y mejor". O sea, sabemos que con la comida es suficiente, pero siempre querernos más y mejor, y las cáp­sulas parecen ser justamente eso: más y mejor. Esta es una causa. Después están los que dicen: "Me tomo la tableta y obtengo to­da la nutrición del mundo, sin tantas calorías".

Convengamos que a veces la comida no es suficiente. Cuan­do estamos enfer­mos, por ejemplo, la comida no es su­ficiente y tenemos que recurrir al boti­quín. Cuando se nos acalambran los pies de noche, por ejemplo, ¿qué hacemos? ¿Nos le­vantamos y corremos a la cocina a comernos una banana? (La ba­nana tiene mucho potasio y es buenísima para los calambres.) ¿Y si no hay una banana en la co­cina? ¡Ah! Pero la pastillita de magnesio está allí y da resultado sin necesidad de tragarse todas las calorías que tiene la banana. Y tomemos el caso del híga­do. Todo el mundo sabe que el al­caucil es buenísimo para el híga­do, pero no siempre tenemos alcauciles en la heladera y ade­más no nos vamos a comer ciento-cincuenta alcauciles para aliviar nuestro hígado, ¿no? Bueno, algo parecido pasa con los suplemen­tos para dormir plácidamente, para mejorar la piel, para fortale­cer el pelo y las uñas. Nunca me voy a olvidar de la señora que una vez me dijo: "Támara, usted dice que el pelo es proteína, así que decidí tener un bife siempre a mano para pasármelo por el cuero cabelludo". "Señora-me quejé-, usted se puede pasar un bife por la cabeza de acá a la China que no le va a dar ningún resultado por­que a la proteína hay que tomarla por dentro." "¡Ah.! -contestó-, entonces le voy a pedir al médico que me recomiende unas cápsulas de proteína."

 



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