No todo es un buen cuerpo y no todo es adelgazar. No señor. También está el sentirse bien con uno mismo y el trabajo combinado del cuerpo y la mente en armonía. ¿O nunca vieron un cuerpo que no es delgado y sin embargo es absolutamente armonioso? Generalmente a ese cuerpo lo acompaña una cara igualmente armoniosa, una sonrisa franca y una mirada feliz.
Hace unas semanas viajé a los Estados Unidos. Fui a visitar universidades en California. Siempre es lindo volver a California. Mi hermano Alberto y su amiga Patty me invitaron a ir a una clase de Chi Gong, que es una especie de complemento del yoga, el pilates y el Tai Chi. "Esto va a resultar medio aburrido", pensé al entrar al Senior Center, un centro municipal al que van jubilados, la mayoría de ellos chinos. A mí me encanta el esfuerzo físico concentrado y por muchos años tuve la impresión (errónea) de que si no hay esfuerzo, es una pérdida de tiempo. Hago mi mea culpa junto con todos los que pensaron que si no se dejan los pulmones en el gimnasio no sirve para nada.
"Hello!", saludé a la clase. Todos sonrieron muy amables. Aunque llevan viviendo muchos años en EE.UU. aún les cuesta expresarse en inglés, así que decidí abocarme a imitar sus movimientos, tratando de no pasar papelones. Al principio me pareció de una lentitud insoportable. Pero pronto me di cuenta de que había hecho todos los movimientos mal. Respiré profundo y me prometí mejorar.
Pensé que el Chi Gong me aburriría. Pero al poco de practar esta disciplina, inspirada en los movimientos del ganso, sentí una energía muy placentera en todo el cuerpo. Como para abrir las alas y volar.
"La próxima es quizá la más completa de las 64 rutinas de Chi Gong -explicó la profesora, y continuó-: Vamos a repetirla cuantas veces sea necesario hasta que salga bien, no se preocupen". Busqué en mi hermano una mirada cómplice, pero tanto Alberto como Patty estaban tan metidos en sus movimientos que ni me vieron. "Sonamos -me dije-, ahora vamos a tener que hacerlo todo de nuevo y voy a volver a hacerlo mal. "Pero no fue así. Para mi sorpresa, la segunda vez sentí que estaba moviéndome con más soltura. Había una especie de energía que fluía con más naturalidad y eso me gustaba mucho. Comencé a percibir el verdadero trabajo muscular que, aunque más sutil de lo que estoy acostumbrada, se siente... y mucho.
El Chi Gong es un método que imita los movimientos del ganso, animal sagrado en algunas culturas orientales. Chi quiere decir energía y hay de las buenas y de las malas. La idea del Chi Gong es aprender a sacar la energía negativa mientras incorporamos la positiva. De ahí que algunos movimientos sean de expulsión y otros de incorporación. Las rutinas son suaves y envolventes. El cuerpo se mueve imitando los movimientos de los gansos en el agua.
Aprendí a abrir las alas y a plegarlas. Al abrirlas sentía que estaba recibiendo al sol, y al cerrarlas, que me concentraba en mí misma. Los dos movimientos dan mucha paz, pero también mucho trabajo porque no es fácil abrir las alas para saludar al sol.
La clase estaba por terminar cuando me di cuenta de que estaba súper enganchada y que no quería terminar. "Cuando vuelva a Buenos Aires me voy a olvidar de todo", me lamenté, mientras buscaba a Alberto y a Patty. Los tres nos fuimos bastante cansados porque, como dije, no es nada fácil ser ganso y abrir las alas para saludar al sol. No señor.