Un gimnasio es un lugar especial adonde uno va a sentirse bien. No es lo mismo que una oficina pública, donde uno va con la idea de hacer algo tedioso y complicado que debe despachar cuanto antes. Ir a un gimnasio tampoco es como ir al dentista: allí uno llega resignado a tener que pasar por un mal momento en el mejor de los casos (y uno doloroso en el peor). No, ir al gimnasio ya nos predispone bien: "Estoy cuidando mi salud", pensamos apenas traspasamos la puerta. O nos decimos: "Este año no voy a faltar ni una sola vez; ¡ahora sí me pongo las pilas!". Parece la situación ideal, ¿no? Sin embargo -qué quieren que les diga-, yo escuché y vi tantas cosas... ¡que es de no creer!
Aunque se dice que el cliente siempre tiene la razón, muchos argentinos no se portan nada bien en el gimnasio y los instructores no los soportan. Aquí, mi receta para ser siempre el mejor alumno.
Por eso, me hice una Lista de Reglas del Buen Comportamiento con la esperanza de que algún argentino por ahí decida ser un buen cuente una vez en su vida (aunque sea por un rato). Es decir -quiero ser perfectamente clara-, si bien es cierto que el cliente tiene derecho a esperar un trato cortés y amable, las personas que trabajan en el gimnasio (ni que hablar los dueños) también tienen derecho a recibir un buen trato por parte de los clientes. Así que aquí va mi lista:
Regla 1. No lleguen en pijama. El instructor no es un reloj despertador y tampoco tiene por qué esperarlos veinte minutos hasta que ustedes se despierten. Los gimnasios en Europa cobran más caro por el tiempo que pierde el instructor en comenzar la clase y he visto que no dejan entrar al cliente que llega tarde. Regla 2. No traigan la oficina al gimnasio. Hay clientes que siguen atendiendo los celulares en medio de una clase, o contestan mensajes de texto o mails. No da. Regla 3. No se quejen. Un poquito está bien, pero quejarse de todo y todo el tiempo suena a que están trayendo frustaciones de la calle para depositarlas en el gimnasio porque les es más fácil retar a su instructor que a su jefe. Si ustedes se quejan, un día el gimnasio va a empezar a quejarse de
ustedes, y a ver quién gana... Le aseguro que el cuente lleva tods las de perder. Me acuerdo que u vez yo estaba en la mitad de un; sesión en Nueva York, cuando unas dientas empezaron a quejarse. A mí me pareció divertidc porque era obvio que era en chiste, pero la administradora no lo entendió así y las dientas fuero: invitadas a abandonar la clase. Regla 4. Hagan lo que le dice e instructor. No traten de controlar la clase o de decidir qué ejercicio y rutinas se hacen y cuáles no sí hacen. Piensen que cuando subí a un avión no pueden ir a la cabina a decirle al capitán qué ruta debe tomar. No. Y tampoco dirá en un quirófano: "Mejor corte por acá, doctor". Regla 5. Tomen un compromiso a largo plazo con el gimnasio y el gimnasio tomará un compromiso con ustedes. Las estadísticas indican que la tasa de abandono baja un 70% entre quienes toman el compromiso. Les conviene a ambos, al gimnasio y a ustedes.
Bueno, hasta aquí mis Reglas de Buen Comportamiento para gimnasio. Ahora, pónganse las pilas y pórtense bien. Por lo que más quieran, pórtense bien.