¿Cuántos japoneses gordos conocen? Una vez me tocó vivir en Japón unos meses.
Torcuato, mi marido, fue a enseñar un semestre en la Universidad de Kobe y los chicos y yo lo acompañamos parte del tiempo. Lo primero que nos pasó es que fuimos invitados a comer a la embajada argentina en Japón. Nuestra embajada en Japón no es una mansión (en Japón no hay mansiones), pero es agradable y funcional.
En una cena igualmente agradable no comí sushi, ni sashimi, ni teriyaki, ni ninguna de las cosas ricas de la milenaria cocina japonesa. No, comí comida típica argentina, lo cual me pareció fantástico. Era comida simple, sencilla y rica. La hospitalidad fue cálida y la compañía maravillosa. Pero debo decir lo que pienso: los argentinos no sabemos comer y desaprovechamos lo mejor que nos regala la naturaleza, con una ignorancia digna de chicos malcriados acostumbrados a la abundancia.
Permítanme comparar con lo que vi en Japón. Los japoneses casi no tienen tierra. Su suelo fértil es tan escaso que se ven obligados a aprovechar cada centímetro, allí donde esté. Me acuerdo que una vez tuvimos que tomar el tren bala para trasladamos desde Thokio hasta Osaka.
"¿Qué hay ahí?", pregunté, señalando algo que crecía entre las vías del tren. "Arroz", contestó un señor. ¡Siembran arroz entre las vías del tren!
En el supermercado, la comida viene envasada en muy pequeñas cantidades: un tomate, medio melón, dos papas, y así. El arroz está fuertemente subvencionado por el Estado, pero es carísimo.
Los japoneses comen como si estuvieran a dieta: verdura casi cruda y pescado, en porciones mínimas. ¿Habrá que imitarlos?
Llegué a pagar 7 dólares el kilo de arroz (allí terminaron mis ilusiones acerca de la econonúa de libre mercado en Japón).
¿Y a que no saben qué? Al pescado se lo compra en el supermercado... vivito y coleando. Lo ponen en una bandejita envuelto en film de nylon adhesivo, igual que aquí, y así pasa por la caja registradora con su código de barras y todo, pero moviéndose. La cajera registra el precio y nos lo entrega junto con el resto de la mercadería, y, cuando lo metemos en la bolsa del supermercado, ¡aún está saltando! Al pedir sushi en un restaurante, a veces se puede ver al cocinero salir de la cocina con una pequeña red, dirigirse hacia una gran pecera rectangular que está en el medio del salón, cazar un pez que nada apaciblemente, y volver a la cocina para filetearlo.
Eso no es nada, es común que al pez se lo comience a filetear aún vivo. ¿Se imaginan?
Es verdad que los japoneses comen mucho pescado crudo y no, no es verdad que lo cocinan en wasabi (especie de pasta picante color verde que se hace con un tubérculo). El hijo de nueve años de Hiroshi, un amigo nuestro, robaba pedacitos de pescado crudo de la mesa como si fueran pedacitos de queso gruyere.
Pero para mi, argentina malcriada, lo más impresionante es el tamaño de las porciones en Japón. A veces uno se pregunta si es sólo una degustación, hasta que llegue la comida. ¿Las verduras? Prácticamente crudas, o apenas salteadas en un wok (sartén especial) con salsa de soja. Me gusta el wok porque la comida no queda en el fondo, recocinándose; está diseñada para que la comida resbale por los laterales.
Así que, resumiendo: poca cantidad, mucho pescado, y verduras casi crudas. Otra vez, yo les pregunto: ¿cuántos japoneses gordos conocen?
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