El libro "La Educacion de los que Influyen" examina el valor de la escuela y la universidad en la carrera de los exitosos. Especialistas y referentes hablan sobre el tema y exponen sus experiencias personales.
TAMARA DI TELLA EMPRESARIA
Primaria: Nicolás Avellaneda Secundaria: Lengüitas Universidades: Massachusetts, Oxford y Stanford Educación de los hijos: Bayard, Nacional Bs. As, UBA y Univ. Di Tella Profesión de los padres: médico y profesor de la UBA, ama de casa
"Para mi, la vida empezaba y terminaba en la universidad."
"... Mi camino propio empezó a los diecisiete años, cuando llegué a los Estados Unidos, a estudiar. Antes de eso, no tenía un ego sólido. Era la más chica; mis hermanos eran más capaces. No sabía quién era ni qué estudiar. En los Estados Unidos cambió el foco de mi vida y nació Támara: descubrí qué quería hacer en la vida. Quería estudiar."
—Y estudiar mucho.
—Yo era una obsesionada. Me convertí en una "workaholic" total del estudio. Me decidí por Ciencias Políticas. Esto era en Boston. (...) La vida empezaba y terminaba en la universidad.
—¿Pensaba dedicarse a la investigación?
—Claro. Yo quería ser una universitaria como lo era mi familia: una familia de universitarios. Empecé en la Universidad de Massachusetts. Después, seguí en la London School of Economics; tomé todos mis cursos en Oxford y los exámenes los di en Harvard.
(...) —Estudiar en los Estados Unidos es caro. ¿Cómo financió sus estudios?
—Todos tuvimos becas por nuestras notas. Papá sólo me mandaba 150 dólares por mes. No me alcanzaba. Eran los años 60: había muchas posibilidades de becas siempre que tuvieras buen promedio.
—Hoy es más habitual irse a estudiar afuera. No era tan común por entonces y menos en el caso de una joven de diecisiete o dieciocho años.
—Era rarísimo. La carrera de grado se hacía acá pero papá decía que no era serio hacer un posgrado en la Argentina. Había que irse a Europa o los Estados Uní-dos. Ése fue el caso de mis hermanos. Lo mío fue distinto: hice la carrera de grado en los Estados Unidos. Obtuve el título de "bachelor in Science". Viví una transculturización total.
(...) —¿En su casa estaba enunciado ese clásico discurso de la clase media luchadora de "estudia porque es el único legado que te dejo"?
—Sí, estaba muy asociado con todo un pensamiento de inmigrante judío: esa sensación de que te pueden echar en cualquier momento pero que vos tenes tu título bajo el brazo, que te llevas a cualquier país. Porque la familia de mi papá se había escapado de Rusia. Se fueron en mitad de la noche. Salieron como podían. (...) Una cosa terrible.
— Y con esta historia familiar, el titulo universitario funcionaba como una suerte de salvoconducto.
— Yo tengo otro recuerdo muy fuerte. A papá le gustaba caminar por toda la casa -el consultorio estaba en la casa- y entraba, nunca golpeaba, a tu cuarto y decía: "Estudia hija, estudia, estudia, estudia". Cerraba la puerta y se iba. Eso me marcó mucho. Un rezo desgarrado, como con esfuerzo. (...)
— De esa vida pasada de académica hecha y derecha, ¿qué sirvió para construir ese nuevo mundo de empresaria?
—El estudio. Porque si sobrevivís y haces tu carrera en universidades como Harvard, Oxford, Stanford y la London School of Economics, podes hacer cualquier cosa en la vida. Es el servicio militar. Te enseñan la disciplina de trabajo. Cultura anglosajona: primero el trabajo, después la familia. Y te aplauden la creatividad, te la fomentan, te la empujan y te la protegen.
— ¿Cómo fue el momento en que la Támara académica se convirtió en un referente de la salud y la belleza y femenina?
—Empecé a elucubrar la idea del spa en el año 90. Buscaba un producto que no existiera en la Argentina. No existía ni la palabra spa. Me costó dos años darle forma a la idea y la lancé en el 97. Inventé un montón de tratamientos como el peeling basado en porrage. Es el típico desayuno inglés: leche con avena, revolvés mientras se hierve, lo sacas cuando ya es una crema y le agregas mucha azúcar. Con eso se aseaban los londinenses durante las dos guerras mundiales porque la cebada tiene una cascarita que raspa la piel. Supe de esta técnica en Inglaterra por la abuela de la casa donde yo paraba mientras estudiaba. Treinta años más tarde me acordé de esa historia de mis años de estudiante.
(...) -Para sus hijos, una especie de herederos jóvenes, con una historia familiar de prestigio económico, social y educativo, estudiar sigue siendo el legado.
-Ese es el legado. Sebastián ya terminó su licenciatura en Economía en la UBA y ahora va a hacer un master en Economía en la Di Telia, para después hacer un doctorado afuera. Yo quiero que vaya a Harvard. El padre, a Columbia. Es lo que mamaron en la vida: la formación.
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