ATRAS

 
 
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  Revista: QUIEN
  Fecha: Julio 2003
TAMARA DI TELLA
"LAS MUJERES QUIEREN TENER LA COLA EN LA NUCA"

HACE 10 AÑOS ABRIO EL PRIMER SPA DE BUENOS AIRES Y AHORA, CON PILATES, VUELVE A MASIFICAR UN NUEVO CONCEPTO DE BELLEZA

No quiso ser una más en la vida, y lo logró. A los 17 años dejó la casa paterna para estudiar en las mejores universidades del mundo. Se enamoró de su profesor, Torcuato Di Tella, académico de prestigio mundial y flamante secretario de Cultura de la Nación. Tiene dos hijos -Sebastián (20) y Carolina (18)­que son su orgullo mayor. Abrió el primer spa de Buenos Aires cuando ni siquiera se conocía el significado de la palabra. Diez años más tarde, con Pilates, volvió a sorprender en el mundo de la belleza. No sólo tiene varios estudios fuera del país sino que exporta máquinas a México, Colombia y los Estados Unidos. Radiografía de una mujer que le tenía miedo al aburrimiento y se convirtió en una de las empresarias más exitosas de la Argentina.

- ¿Quién eras antes de convertirte en Tamara Di Tella?
- Mi apellido es Chichilnisky.
Familia judía de intelectuales. Mis padres eran profesores universitarios: mi papá, titular de la cátedra de Neurología de la Universidad de Buenos Aires, escribía libros, daba conferencias. Mi mamá también era médica. Casarme con Torcuato no significó para mí acceder a algo diferente. Era más de lo mismo. Además, yo estudiaba todo el día ...
-¿Qué estudiabas?
-Ciencias Políticas. A los 17 años me fui de la Argentina, y me convertí en una estudiante eterna. Lamento haberme perdido la experiencia de estudiar en nuestro país. Eso me dejó culturalmente desfasada, y hay veces en que siento la diferencia.
-No te entiendo ...
-Los años de estudio son fundacionales en la vida de las personas, marcan el camino. El hecho de haber pasado tantos años en Starnford o en Oxford hace que, culturalmente, me comporte diferente. Eso, a alguna gente le cae bien y a otra, muy mal.
-¿De qué vivías?
-De becas. Hasta los 30, viví del dinero que ganaba estudiando. Me ganaba todo. Mi familia no tenía dinero. Después, me casé con mi profesor.
-¿Torcuato era tu profesor?
-Claro. Fui su alumna en Oxford. Ahí lo conocí. Después hice un trabajo de investigación sobre él en Starnford, Estados Unidos. También me gané una beca de la Fundación Ford para venir a la Argentina a hacer un trabajo de investigación, y él fue mi director de tesis. Tenemos 25 años de casados.
-¿Te costó engancharte con tu maestro?
-Me costó sacármelo de encima(risas) ... No, hablando en serio, para mí era natural: mi mamá, también se casó con su profesor, así que no era nuevo el tema. Mi papá le llevaba 28 años. Torcuato me lleva 19. Lo único que no me gustaba de casarme era volver a la Argentina. Ni siquiera me acordaba del español.
Afuera estaban mis amigos y acá no tenía nada ...
-Cuando recuerdan esa época, ¿qué le decís?
-Que si hoy me pasara lo mismo, le haría juicio por abuso sexual. Ahora, un profesor no puede invitar a su alurrma a salir ... Es una historia muy linda, sobre todo porque él estaba muy involucrado con mis investigaciones...

  
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-¿Cuál fue el tema de tu tesis de doctorado?
-El impacto de la inmigración en la política argentina. Mi tesis era que nuestro país tuvo problemas porque la clase social que hace al sistema democrático era extranjera y no tenía arraigo, ni identidad nacional. A él le gustó ese tema, de hecho lo investigó y escribió varios libros.
-¿Cómo saltamos de los efectos de la inmigración en la formación de la democracia al spa?
-Quería trabajar. Cuando dejé de estudiar, nacieron los chicos y fui madre full time. Pero los chicos crecierón y no me quería aburrir. Al principio, el spa estaba orientado a la salud, mi otra pasión: tenía médicos, nutricionistas, flebólogos ... El público me fue llevando a la belleza. Con Pilates pasó lo mismo. En realidad, es una técnica de rehabilitación traumatológica, pero la gente lo usa para el modelaje corporal.
-¿Te sentís una precursora?
-Sí. Cuando puse el spa, había peluquerías, cosmetólogas, masajistas ... pero ir a un lugar donde te pudieran hacer todo eso en un día, sonaba raro. Con Pilates pasó lo mismo. Fui la primera en difundir al público masivo conceptos desconocidos en el país.
-¿Qué le pasa a una intelectual que pone un spa?
-Un amigo nuestro me dijo algo que jamás olvidaré: "Triste fin para un sociólogo". Y Guido Di Tella apuntó al negocio: "Hasta que el público entienda qué es un spa, vas a tener que invertir mucho dinero". Abrí, y a la tercera semana lo llamé para decirle que ya era autosuficiente. Me sigue pasando ... No creas que las cosas cambiaron demasiado porque me va bien. Ponen cara cuando digo a qué me dedico. Yo lo entiendí ...
-¿Qué entendés?
-Para una persona que estudió en las mejores universidades, dedicarse a tratamientos corporales es raro. Quizá con razón, alguien piensa que estoy desperdiciando mi capacidad en algo frívolo. Un día vino Marta Minujin al spa y me pintó con un aerosol dorado en el tercer piso: "Tamara: la frivolidad calma los nervios". Ahí empecé a tranquilizarme un poco.
-¿Cómo te sentías?
-Incongruente. Iba con Torcuato a una comida, y cuando alguien decía: "La señora tiene un instituto de belleza", se me hacía un nudo en el estómago. Esa ambivalencia era rara. Ahora ya no me importa tanto aclarar.


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-No le tenés medio a lo nuevo ...
-Yo no pido permiso ni disculpas para hacer las cosas. Es preferible pedir perdón después de equivocarse. Si no fuera así, no estaría acá con esto ... La gente se resiste a lo diferente. A mí me encanta. Cuando abrí el primer estudio Pilates todo vidriado, mucha gente protestó. Ahora, a nadie le molesta estar con los bigudíes y la cera en el bozo, pero al principio fue todo un tema. Mi impertinencia es lo que me permite imponer nuevos productos.
-¿Cómo descubriste Pilates?
-En el 89, cuando mi tía Marta volvió de Europa fascinada con un nuevo concepto de trabajo muscular. A mí las máquinas me parecían espantosamente grandes y ortopédicas. Pasaron los años, y en el 99 Torcuato tuvo un accidente mientras enseñaba en Starnford, y terminamos en el San Francisco Memorial Hospital haciendo rehabilitación con Pilates. Ahí tomé la decisión. En el 2000 puse mi primera máquina adentro del spa.
-¿Cómo reaccionaron tus clientas?
-iSe subían a la camilla y no se querían bajar más! Hay que esforzarse, pero los resultados son impresionantes.
-Yo me devoré los famosos Tips deTamara Di Tella, en los que vos decías que no hay nada como caminar o correr ... ¿Con Pilates eso no va más?
-No. Yo corro todos los días. Pilates es un trabajo muscular profundo, es diferente. Se originó como un tratamiento de rehabilitación para los soldados heridos de la Primera Guerra Mundial! Es una combinación entre gimnasia y kinesiología.
-Si las mujeres fuéramos consecuentes con nuestros deseos, ¿existiría Pilates o las dietas milagrosas?
-Si nosotros hiciéramos una vida sana, nada de esto haría falta. Pero la naturaleza humana es inconstante, así que hay que ayudarla. Además, todas las mujeres quieren tener la cola en la nuca.
-Los hombres parecen más constantes: por nada del mundo se pierden el partido de fútbol o de tenis a mitad de semana ...
-¿Viste? Los hombres son disciplinados. La mujer es más coqueta, y la coquetería es volátil. Un día te cortás el pelo cortito y a la semana siguiente lo querés largo.
-¿Cómo es tu vida de empresaria?
-Viajo mucho buscando novedades. Pero la mayor parte del tiempo, aún de viaje, trabajo. Hace poco, Torcuato tuvo que viajar a Cuba. Nos instalamos con los chicos en un departamento. Yo volví blanca como un papel. Ni un solo día fui a la playa.
-¿Qué hiciste?
-Visité todos los hospitales de Cuba para ver qué están haciendo ellos en materia de rehabilitación. Establecí vínculos con una cantidad impresionante de gente que no conocía Pilates, porque todavía no llegó a Cuba.
-¿Cómo se llevan tus hijos con tu trabajo, con tu fama?
-Me ayudan mucho. Sebastián está fabricando y exportando las máquinas Pilates a Chile, Uruguay, México, Colombia ... Yo importé la primera máquina en 2000 y justo me agarró la crisis. Costaban tres veces más, así que no las podía comprar. Entonces, mi hijo empezó a fabricadas.
-Como el abuelo ...
-Fijate cómo es la vida. Torcuato está fascinado porque su hijo está siguiendo los mismos pasos que su abuelo, que empezó con la industria cuando tenía 18 años. Mi suegro era un industrial nato. Desde chico inventaba cosas. La segunda generación le hace la guerra al padre, y son intelectuales. En sociología hay una teoría que se llama el retorno a la tercera generación. Sebastián retoma los pasos del viejo Di Tella con la fabricación de máquinas Pilates mientras estudia, y le va muy bien. A mí me emociona, y Torcuato está apoyando activamente a su hijo. Se siente muy orgulloso.

-¿Como madre sos tan temeraria que como empresaria?
-Siempre le tuve miedo a la enfermedad. Cuando eran chiquitos, me daba miedo de que los secuestraran. Después me tranquilicé, y ahora vuelve a darme miedo el mismo tema. Cuando Sebastián nació, sentí algo diferente: ese bebe durmiendo en la cunita me hizo sentir muy protegida. Es increíble cómo pasa el tiempo. Cuando eran chicos, me decían: "Mamá no te vayas". Ahora me dan un beso y me dicen "chau vieja". Son ellos los que se van.
-Usás un apellido con historia ¿Te pesa o te ayuda?
-A veces me cansa un poco que me hablen tanto de Torcuato. Cuando me presentan como la señora de Torcuato Di Tella me da un poco de rabia, pero ahora se está revirtiendo, porque mucha gente me llama la señora Pilates. Me saqué el estigma de ser la señora Di Tella. Él es un mito viviente. Es una institución ...
-¿Cómo es puertas adentro?
-Muy divertido. Para mi eso es importante. Y como está más allá del bien y del mal, puede decir cualquier cosa. Es buen padre, muy protector. Una vez le hicieron un estudio grafológico da firma y la T tiene forma de techito, y todas las letras van adentro
-¿Cómo te llevás con los hombres?
-Mejor con los hombres que con las mujeres. Tengo los de un hombre. Cuando algo me sale mal no me deprimo. Me pongo agresiva. Soy exigente implacable te diría. No tengo horarios. Un domingo se me ocurre una idea a las 6 de la mañana, y me tengo que morder para no llamar... Si fuera hombre, dirían "es un workaholic", pero como soy una mujer dicen "es una histérica". Me da mucha rabia ese prejuicio.




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